Amando's profileEspacio de AmandoPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    December 18

    CHACHE

    Cuando habla el corazón, no se visten las formas, por más que pese a todos o a nadie, no cambiare ni me retractaré de una sola coma de lo que hoy, aquí y ahora me salga de las entrañas, porque son las entrañas quienes me están dictando,  que no soy yo. Sólo esta noche las escucharé por enésima y última vez. Ellas no entienden ni atienden a las formas ni a los modos y mucho menos a los sentimiento ni a mis súplicas, asi que espero que se pudran, simplemente son unas jodidas entrañas y a mí aquí y ahora poco o nada me importa. Pero será la última vez que las escuche, la última vez que me deje utilizar por vosotras, por ellas. Aquí y ahora podéis disponer de mí, me dejaré vapulear, me dejaré herir una vez más, permitiré que me estranguléis con vuestro agónico abrazo pero ¡escuchadme bien! porque en adelante, ¡nunca!, repito, ¡nunca más volveré a ser débil y no permitiré que me manipuléis!,  lloraré por ti, hermano, otra vez más, la última, para aplacar este desespero mío y acallar estas entrañas mías, esta desazón, hasta que volvamos a encontrarnos, allí, allá, aquí, donde quiera que te encuentres, porque en algún maldito lugar de esta infinita ignorancia ha de estar tu esencia.

     

     

     

     

    CHACHE

     

     

     

    Era el mayor de tres, y como siempre el más cabal y responsable. Fue el primero, por edad, en todo; en hacer la primera comunión, en trabajar, en tener novia, ir a la mili, casarse y tener críos, lo típico en mi generación, como mandan lo cánones Me llevaba cuatro años y poco, yo cinco y poco al pequeño, el del medio soy yo o mis puñeteras entrañas. “no me ahoguéis tanto, callad ya y dejadme hablar, mierda de sentimiento”.

     

    Los de mi generación sentimos un profundo respeto al mayor, no sé por qué, pero es así, en caso de faltar mis padres él nos hubiera cuidado como si lo fuera, lo sé, por suerte no aconteció. En aquella época las cosas no eran como ahora, los tiempos sencillamente no se parecían en nada a los de ahora, respeto, civismo, familia, valores perdidos u olvidados, en la mente de nadie está el rescatarlos ¿par qué?.

    Antes incluso que mi padre él era quien me regalaba con una bronca cuando me sobrepasaba en mis años locos de mozo con la  bebida y las juergas, se sentía por su posición de primogénito responsable de mí, una ley no escrita, o quizás sí en el alma de aquel trozo de bondad, ¡cómo si no tuviera bastante con lo suyo!, pero él era así, el chache le llamábamos.

    A él no le gustaba, lo recuerdo bien lo aborrecía y se molestaba, prefería que le llamáramos Alfredo, por su nombre de pila. Recuerdo que me costó años acostumbrarme a llamarle por su nombre… Alfredo ¿Por qué me costaría tanto?, aún hoy cuando hablo con mis padres y nos referimos a él se me escapa el chache esto, el chache lo otro. Es mi forma de recordarle y de intentar reconfortarme por dentro (vano intento), llamarle como cuando éramos pequeños y hacíamos guerras de almohadas en las literas de la pequeña habitación que compartimos tantos y tantos años, a expensas de recibir una soberana bronca de nuestra madre por los destrozos y el desorden, él no lo sabía o quizás si, pero siempre ha sido el chache. (Claro que lo sabía)

     

    Él era el mayor como digo, y el muy cabrón me ha hecho llorar unas cuantas veces, pocas eso sí, pero con hiel todas ellas, se que nunca ha estado en su ánimo. La primera la recuerdo como si fuera hoy mismo ¡qué tontería! pensaréis, porque en realidad lo fue. Abría una y otra vez los cajones de la mesita y del pequeño armario donde él guardaba sus cosas, y los encontré vacíos, qué gilipollez, se acababa de casar, sólo eso, pero el vacío que dejó en aquel cuarto fue inmenso, infinito, los cajones se volvieron a llenar con mis cosas y las de mi hermano pequeño, pero él no estaba para compartir conmigo el cuarto que era nuestra habitación. Lloré durante días, hasta que conseguí acostumbrarme a su ausencia, no estaba muerto, no había tenido ningún accidente y no estaba en el hospital, ¡capullo!, simplemente se había casado, pero el sentimiento no era ese, sencillamente se había ido de mi cuarto, de mi lado y jamás volvería, lo sabía de la misma forma que se sabe que mañana volverá a salir el sol, falte quien falte, como así resultó. “bien, me estáis dejando respirar, os lo agradezco”

     

    Mis amigos le respetaban, era mi hermano mayor y eso le confería el derecho a recriminarnos lo mal que nos comportábamos, ¿qué decir en nuestro favor? ¿Éramos jóvenes? Su sentido de la responsabilidad era mayor que el mío y no porque me llevara unos cuantos años de edad, simplemente Alfredo era así, responsable. Mi madre siempre me recriminaba que él, mi hermano, le contaba y compartía con ella sus cosas, mientras yo pasaba, iba a mi royo, él era distinto, mi hermano mayor. ¡Que orgulloso se siente uno al poder decirlo!, se me llena la boca con esas dos palabras, ¡capullo otra vez!, olvido que tengo cuarenta y seis años y ya no soy un crío, tanto él como yo hace años que nos afeitamos y nos vestimos por los pies, bueno él ya no lo hace, no llegó a los cincuenta, ¡cabrón de mierda! ¡Sí, se murió! de un puto infarto este mismo año, hace apenas unos pocos meses, fue en mayo y me dejó solo, sin hermano mayor, ahora el mayor soy yo, pero yo no soy él, nunca podré ser el chache de nadie. “puto infarto, puto corazón y puta mierda de vida”

     

    Fue por la tarde, estaba practicando bicicleta estática en el sótano de su casa, ¿no os lo he dicho?, mi hermano era un excelente deportista, se cuidaba todo lo que podía, el tío estaba fuerte como un toro, había sido jugador y entrenador de balonmano, como su hijo, mi sobrino, incluso fue el responsable de deportes de un colegio de enseñanza secundaria de su pueblo y del pabellón deportivo del lugar donde residía, llegó a ser concejal de deportes, se presentó como independiente, ese era mi hermano mayor, pero bueno, ¿Quién iba a pensarlo? Mejor dicho ¿a quien le importa ya?

     

    Lo enterramos al día siguiente, sin duda el peor día de mi vida, tuve que soportar el pésame de un pueblo entero, ¡sí, joder me habéis oído bien!, todo el pueblo y quienes no eran del pueblo fueron a darle el último adiós a mi hermano mi familia y yo, de pie una eternidad estrechando manos y sin poder parar de llorar y mantener a raya la puta agonía que nos estrangulaba por su pérdida, las piernas me temblaban, el aire era irrespirable, mi hermano estaba allí ¡joder1, a tres metros de mí metido en una puta caja de madera.

    Era muy querido, aquello si que fue una muestra increíble de lo que aquel trozo de hombre llegó a ser en vida, nadie recuerda ningún funeral tan multitudinario como el de mi hermano, alguien que nunca ha salido en los periódicos ni en la televisión, uno de tantos héroes anónimos que arrastran a cuestas la vida sin quejarse uno sólo de los días, un valiente de los que dan la cara, de los que primero ponen el pecho para que se lo partan, y la puta vida se lo partió ¡coño de mierda!, ¿por qué tuviste que ser tú? ¿Por qué?, ¿por qué tuviste que ser valiente?, yo me hubiera dado la vuelta, hubiera huido, joder, pero tú le plantaste cara, ella ganó hermano, nos ganó a todos. Vaya putada, que putada mas grande me has hecho, ¡joder!, ¡joder! hermano.

    ¿Os podéis imaginar qué fue aquello? un auténtico calvario, sin duda, y un enorme orgullo, la familia se quedó pasmada, de una pieza, mientras todos nos limpiábamos los mocos con cualquier trozo de papel que encontrábamos y nos cogíamos por los hombros intentando aguantar al que mostraba síntomas de desfallecimiento. ¿Quién fue realmente mi hermano, capaz de movilizar a aquél enorme gentío? Mil y un hombres, eso fue lo que era, todos en uno, el mejor, por eso, sólo por eso, la puta muerte le partió el corazón con su jodida guadaña, ¡vete a la puta mierda! Te odio, te odio, no sabes cuanto soy capaz de odiarte.

     

    Hace ya más de medio año desde su muerte y juro que día sí día continuo luchando en silencio con mis jodidas entrañas por sacarme su imagen de la cabeza, simplemente para que nadie pueda ver mis lágrimas. Me subo en la bicicleta, y me viene su imagen, su dolor ¿Cuánto tuvo que sufrir sólo en aquel sótano sin que nadie acudiera en su auxilio? ¿Se dio cuenta de lo que le pasaba?, ¿o el dolor le impidió ver que sucedía?, posiblemente todo resultó tan fulminante que ni siquiera se percató de nada, pero nadie nos aseguró nada. Ojala fuera así, porque se me hace un nudo difícil de digerir que aquél pedazo de bondad sufriera lo más mínimo en soledad cuando siempre estuvo rodeado de tanta y tanta gente que le quería, ¡que triste hermano, que triste, joder! ¡Qué puñalada!

    Lo encontró mi pobre sobrino tumbado en el suelo, intentó reanimarle, ¡eso son cojones!, con sólo dieciocho abriles el chaval le hizo a su propio padre el boca a boca, masaje cardiaco y todo lo que pudo, pero sin éxito, hermano, que gran hombre has dejado en herencia, otro Alfredo, reflejo de tu honestidad, lealtad y valentía, pero él sigue no siendo tú, aunque se te parece, baste decir que se te parece como una gota de agua a otra, ¡enhorabuena! has sabido hacer bien las cosas, ¡Ole tus cojones!

     

    Tú me faltas, so cabrón, me faltas cada segundo de mi vida, me faltas por las noches, por el día, es como si todavía estuvieras sin estar, no tienes idea de lo que llenabas en mi vida y el enorme vacío que me provocas. ¡Sí! soy un cobarde, un maldito cobarde que jamás pensó en que eso ocurriría, no tan temprano, no tan pronto. Te hecho de menos, yo no tengo tu valentía, ni siquiera he tenido cojones de ir al cementerio desde aquel día, enfrentarme a aquella lápida y ver tu foto allí, sobre una repisa junto a un florero lleno de flores, o vacío, no lo sé, no he vuelto a pisarlo. “¡cobarde de mierda!”

     

    Me muerdo la lengua a cada instante cuando hablo con nadie porque estás constantemente en mi mente y te me escapas sin pretenderlo. Siento que hablo de ti como si nada hubiera pasado y no quiero, no quiero que nadie de los míos se de cuenta de mi flaqueza de que empapaste todo mi ser y que sigues en mí, pero no como antes, ahora tú me ahogas, me oprimes, tu recuerdo atenaza mi mente, rodea mi garganta, empaña mis ojos, domina mis pulmones y no me deja respirar. No imaginas lo que me costó subirme a la bicicleta, era como pedalear el doble, te llevaba a rastras aunque no quisiera tú estabas ahí, pero no detrás, sino ante mi, con tu sonrisa, con tu último consejo, sabiendo escuchar, entendiéndome, asintiendo y las entrañas, las putas entrañas corroyéndome.

     

    ¡Pero cabrón!, si hacia menos de un mes que te había visto, estábamos con nuestros padres en el campo, ibas delante de mí como siempre arrastrando leña, yo no podía con la que llevaba, te paraste y recogiste parte de la mía para ayudarme, como siempre, ¿quién me iba a decir que era la última vez que iba a verte en vida? Te encontré triste, pero se que eras fuerte, raras veces contabas tus penas, a nadie aburrías con tus cosas, pero ¡mierda!, te vi distinto aunque no le concedí importancia porque eres tú el que siempre ayudaba a los demás, no quien la pedía ¡joder!, ¡joder! ¿Qué mierda de vida es ésta? que putada más gorda me has hecho hermano. ¡Mierda!, ¡mierda! ¿Por qué te fuiste?, ¿por qué te fuiste y me dejaste solo? ¿Es que no sabes que te necesito? ¿Es que no lo entiendes?, ¿De verdad no puedes entenderme, hermano? ¿Cómo coño quieres que te diga que no era tu hora? que necesito de ti, que te hecho de menos, que todos necesitamos de ti, ¡joder!,  que me siento desamparado, sólo, ¿A quien voy a llamar por teléfono?, ¿a quién, coño? ¿Quién me va a prestar ayuda?, dímelo tú, me lo debes, ¡joder!, me lo debes, toda la vida ahí cuanto te necesitaba y ahora no estás. ¡Vete a la mierda cabrón! Por dejarme solo, por no consultarme, por no preguntar, por callarte tus penas, por querernos tanto, por pretender  no espantar a nadie, ¡cabrón! te moriste solo, joder, solo. Ya nunca sabrás lo que lloran los que tanto te han querido, nunca. ¡qué pena hermano!

     

    Ha pasado tiempo y tu recuerdo todavía me angustia, la herida está abierta y la sangre caliente ¿Cuándo parará? Ya sabes como es la vida, el otro día fui al tanatorio, salí de casa indiferente, sin pensar para nada en ti, había fallecido una persona y no tuve mas remedio que acudir, entré en el edificio y nada seguía recordándome a ti, subí a la primera planta y me encontré con familiares del fallecido, les salude y di el pésame, nada seguía recordándome a ti, pero inevitablemente me dirigí al pasillo, iba a la sala donde descansaba el muerto, pasé por delante de la puerta dónde meses antes, había estado tu cuerpo y tu esencia, y coño de mierda, me hundí, me hundí otra vez en aquel pozo sin fondo, en aquel llanto desesperado, me vino tu recuerdo de sopetón, sin previo aviso, ¡joder!, ¡joder!, me hiciste llorar otra vez, ¿Por qué hermano?, ¿por qué me haces llorar? ¿Por qué se me hace ese nudo en la garganta con ese sabor tan y tan amargo?  No es el llanto, es lo que le da pie lo que me mata, me mata y me corroe las entrañas, ¡jodidas entrañas!.

     

    Cargue en mi lápiz unas fotos tuyas, si lo sé, no las he visionado nunca, no quiero hacerlo, no tengo valor, todavía no se realmente ¿por qué huyo de tu recuerdo?, ¿por qué soy incapaz de ver siquiera una foto donde aparezca tu cara?, de visitarte en el cementerio, no lo sé, la verdad es que no aguanto tanto y tanto dolor. Hermano, te pediría que no me persigas más, descansa donde estés, no quiero recordarte, por no sufrir, ¿lo entiendes?, se que lo entiendes, eres mi hermano mayor, mi chache, no he de decirte más, ahora ya es tarde, paso lo que paso, así que déjame porque no quiero volver a llorar más, resulta muy, muy doloroso y noto que me voy contigo y eso no es posible, tengo tanto por hacer.

    Las navidades están llamando a la puerta, y tú por primera vez no me felicitarás las fiestas, no nos besaremos ni nos desearemos un buen año, esto se acabó para siempre y has de admitirlo. Admítelo, tú ya no estás entre nosotros, yo lo intento cada día, pero no podré si no pones de tu parte, es el último favor que te pido, ayúdame a olvidarte, porque sólo yo no puedo. Felices Fiestas chache.

     

    Me viene Bécquer a la mente, que ridículo, una de sus magistrales poesías, la primera vez que la leí, lloré en silencio, jamás pensé que volvería a hacerlo pero las jodidas entrañas me están quemando por dentro. Lo recuerdo perfectamente, como la cara de mi hermano, sonriéndome. Hermano, te la recito para ti, escúchala porque quizás así me dejes en paz, sabes que no renuncio a ti, eso jamás, renuncio al dolor, solo al dolor hermano.

     

     

     

     

    GUSTOVO ALDOLFO BÉQUER

     

    Cerraron sus ojos

    Que aún tenía abiertos;

    Taparon su cara

    Con un blanco lienzo;

    Y unos sollozando,

    Otros en silencio,

    De la triste alcoba

    Todos se salieron

     

    La luz, que en un vaso

    Ardía en el suelo

    Al muro arrojaba

    La sombra del lecho

    Y entre aquella sombra

    Veíase a intervalos

    Dibujarse rígida

    La forma del cuerpo

     

    Despertaba el día

    Y a su albor primero

    Con sus mil ruidos

    Despertaba el pueblo,

    Ante aquel contraste

    De vida y misterios

    De luz y tinieblas,

    Medite un momento

    ¡Dios mió, qué solos

    Se quedan los muertos!

     

    De la casa en hombros

    Lleváronle al templo.

    Y en una capilla

    Dejaron el féretro

    Allí rodearon

    Sus pálidos restos

    De amarillas velas

    Y de paños negros.

     

    Al dar de las ánimas

    El toque postrero,

    Acabó una vieja

    Sus últimos rezos

    Cruzó la ancha nave

    Las puertas gimieron,

    Y el santo recinto

    Quedose desierto

     

    De un reloj se oía

    Compasado el péndulo

    Y de algunos cirios

    El chisporroteo

    Tan medroso y triste

    Tan oscuro y yerto

    Todo se encontraba…

    Que pensé un momento;

    ¡Dios mío, qué solos

    Se quedan los muertos!

     

     

     

    A la memoria de mi hermano

    Alfredo Lacueva Poveda

    Mi Chache.

     

     

    Amando lacueva Poveda

    18/12/2006